Nada de frases de Bécquer. Ni de princesas Disney. Ni fotos, canciones de Simple Plan o estupideces supremas de antiguas compañeras de clase.
Esta vez se supone que va en serio, con ganas. Sin vergüenza, sin rencor, sin nada -ni nadie- que pueda impedirme expresarme a mis anchas...
Y entonces cogió el diente de león, sopló y cada uno de sus sueños salió volando en una dirección diferente. ¿Qué más daba si no se cumplían? Ella lo había intentado... Había construido tablón a tablón esa casa de árbol en la que arrinconaría todas sus ilusiones para protegerlas y sacarlas a la luz en el momento adecuado...